
En el evangelio de San Lucas (5,33-39) ya cuenta el propio Jesús que para que no se rompan los odres usados una vez hay que usar odres nuevos, dado que el vino nuevo revienta a estos. Y añade también que: "Nadie que cate vinoañejo quiere el nuevo, pues dirá: Esta bueno el añejo". Por esta época del año los días se van haciendo más pequeños y las noches se hacen más largas, las temperaturas se suavizan y por fin los racimos de las uvas han tomado su madurez hinchadas y llenas de color, es cuando da comienzo otra vendimia que debe traer vinos nuevos como los que se comercializaban hasta hace pocas décadas en toda la tierra, porque la guarda de los vino durante años provocaba ciertos problemas en cuanto a su control y almacenaje.
El uso de odres para el transporte del vino como cita el evangelio, se ha hecho hasta bien entrado el siglo XX porque con este método no se rompe fácilmente por su "elasticidad, fácil manejo y adaptación", como la fragilidad de una tinaja o ánfora de barro, pero como el evangelio recuerda a los vinos nuevos había que poner los odres nuevos porque la potencia de sus sustancias desgarra el odre usado. En las tabernas que había por la ciudad de Toledo como en otras ciudades españolas el vino de suministro por la estrechez y orografía era inevitable el uso de odres, dando así una amalgama de sabores que variaban a lo largo del año desde el frescor de los primeros días del invierno que el vino ya era joven, hasta el otoño que su sabor por el paso del cuero y la pez de su interior contenía ciertos tonos de sabores rancios, aunque algunos podían ser buenos vinos añejos, pero eran los menos.
También en El Quijote, al principio de su vida caballeresca tiene un altercado en una venta con unos pellejos, odres al fin y al cabo, los cuales al estar "estos indefensos" y ser pinchados por su espada "heridos de muerte sangran", ante la atónita sorpresa del propietario de la venta, que les tenia guardados para el uso y consumo de su negocio.
Interesante se unen varios aspectos importantes para el vino: la conservación y así luego da unas calidades u otras y el transporte más seguro para llegar por aquellos caminos a largas distancias para vinos de consumo rápido en sitios alejados entre sí como lo eran las ventas en medio de caminos y alejadas de las ciudades. El almacenaje daba cierta comodidad respecto de las frágiles de vasijas de barro y su mantenimiento, porque era difícil rellenar de vinos nuevos con los pellejos u odres usados por que estos los rajarían, como cité antes.




