
Yemas, corazones de San Antonio, Suspiros de Almendra, Mazapán Relleno, Rosquillas de Anís y Zumo de Naranja, Toledanas, Bolluelos, Manchegos… la lista es tan larga que no cabría en estas páginas, pero todas comparten elementos comunes: ingredientes naturales de muy alta calidad, elaboración artesana y una pizca de algo que está cerca de lo divino.
A TRAVÉS DEL TORNO
También hay en los dulces de convento algo que tiene que ver con la tradición y con el rito. Es esa experiencia única de acercarse al convento y comprar los dulces a través del torno, un espacio mágico en el que se relacionan, sin mezclarse, dos mundos.
En muchos casos, sigue siendo la única forma de comprarlos, sobre todo si el convento es de monjas de clausura. Suelen ser instituciones pequeñas, con muchos siglos de historia y atendidos por congregaciones fervorosas, pero menguantes en número y fuerzas.
A pesar de las dificultades, las monjas mantienen vivas recetas que, en ocasiones, tienen cientos de años
Por otro lado, en Toledo podemos introducirnos en la vida conventual de clausura, algunos de los conventos de Toledo guardan verdaderas joyas de pintura, escultura o joyería además de la propia arquitectura del edificio.




